Necesitar información a través de un mapa o un plano y encontrarse con una maraña de colores, líneas y pictogramas, ¿a quién no le ha pasado? Sin embargo, en otros casos con tan sólo echarle un vistazo llegamos a saber lo que queremos, sin necesidad de ir a la leyenda. A esto, a hacer los mapas comprensibles, es a lo que se dedica la semiología.

Y es que es difícil llegar a hacer cartografía con el detalle que queremos. Realizar un mapa con toda la información que deseamos y que, a la misma vez, no se sobrecargue y se entienda, requiere bastante esfuerzo.

Uno de los primeros elementos que vemos al interpretar una representación cartográfica es el color. Muchos mapas tan sólo están explicados mediante colores, los cuales pueden simbolizar desde densidad de población hasta relieve. En el primer caso, suelen ser tonos de rojo, mientras que en el segundo van desde los verdes de los valles, al amarillo de zonas intermedias o los marrones de altas cumbres.

En el caso de mapas políticos (estados, regiones, términos municipales,…), se dictó un curioso teorema: El teorema de los cuatro colores. Si queremos colorear un mapa con una región, necesitaremos un color; si el mapa es de dos regiones, necesitaremos dos colores; en el caso de tres regiones, tres. Así, en el caso de n regiones, serán necesario, ¿n colores? Pues no, tan sólo cuatro. Cualquier mapa con regiones continuas, puede ser coloreado con cuatro colores diferentes, de forma que no quedarán regiones adyacentes con el mismo color.

Otro de los elementos son las líneas. Se suelen utilizar para representar fronteras (usando uno u otro grosor, podremos señalar que la frontera es de un tipo u otro); curvas de nivel; ríos, arroyos, ramblas o torrenteras; etc. El color de las líneas, así como su grosor o si son continuas o discontinuas, nos informará de lo que pretendamos representar.

Asimismo, los textos nos pueden dar mucha información. Normalmente, se utilizan para añadir la toponimia, empleándose un tamaño de letra u otra en función de la importancia que tenga la ciudad, lugar o región. No es lo mismo nombrar una pequeña población que toda una autonomía.

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Finalmente, el último de los elementos del que vamos a hablar son los pictogramas: pequeñas imágenes que se añaden al mapa para aumentar la información. Está claro que, en función de lo que pretendamos transmitir, los pictogramas serán unos u otros, es decir, no es lo mismo usarlos cuando se muestra la localización de una línea eléctrica que en otro donde, lo que se representa, son las estaciones de esquí de las cordilleras alpinas. En el primer caso se pueden usar pequeñas torretas o tan sólo recuadros, mientras que en el segundo, quizás una persona deslizándose por la nieve es una alternativa.

Aunar todos estos elementos no es fácil. Utilizar estos recursos, plasmarlos en un mapa y que quede limpio, que incluya toda la información y no tengamos que estar en cada momento recurriendo a la leyenda para saber qué está representado, requiere tiempo, esfuerzo, conocimiento y formación. Ecodyt cuenta con una serie de profesionales que te pueden ayudar a realizar los trabajos cartográficos que requieras, cuéntanos qué necesitas y te elaboraremos los mapas que necesites y con todo lo que demandes.